Tras los pasos de nuestra propia identidad

Ana Dueñas ha publicado en el periódico El Faro de Ceuta y Melilla el artículo que reproducimos a continuación

Vía telefónica o vía internet se pueden realizar hoy en día muchos trámites con sólo dar nuestro número del carné de identidad. Esto, que en principio debe valorarse positivamente, porque reduce muchos trámites burocráticos y facilita la vida a la mayoría de los ciudadanos de a pié, es aprovechado por la picaresca y los amigos de lo ajeno, que buscan sacar tajada de las pequeñas rendijas legales que existen en la sociedad de la información en la que se enmarca la época en la que vivimos.

Así las cosas, los agentes que velan por nuestra seguridad tienen que emplearse a fondo para indagar y sacar a la luz los delitos que se cometen suplantando la personalidad ‘robando’ nuestro número del documento nacional de identidad.

En nuestra ciudad, la última actuación policial al respecto se saldó con la detención de un hombre de más de 50 años que fue localizado después de realizar una operación bancaria de 3000 euros, usando documentación falsificada.

Su ‘modus operandi’ consistía en falsificar nóminas incluyendo su nombre pero con número de DNI apropiados de otros ciudadanos. Con estos documentos, realizaba transacciones, solicitaba prestamos o conseguía hacerse con tarjetas bancarias para, acto seguido, agotar su crédito.

Fuentes policiales, explican que , esta forma de actuar es bastante habitual en la Península, donde hay mayor radio de acción. Se han detectado estafas similares después de que, en primer lugar, se haya registrado la pertinente denuncia por el propietario de la identidad usurpada que descubre alguna operación bancaria o comercial que no ha realizado. Lo más corriente en estas estafas es precisamente, que a través de un documento nacional de identidad robado se abran cuentas bancarias y se consiga las pertinentes tarjetas. En alguna ocasión se ha llegado incluso a adquirir vehículos a través de entidades financieras.

Por otro lado, existen las estafas a menor nivel, consistentes en dar de alta teléfonos o servicios de uso rutinario con identidades ficticias extraídos de los datos que figuran en el correo que recibimos cualquiera de nosotros procedentes de bancos y organismos oficiales.

EL DNI ELECTRÓNICO ¿LA SOLUCIÓN?

El Documento Nacional de Identidad (DNI), emitido por la Dirección General de la Policía (Ministerio del Interior), es el documento que acredita, desde hace más de 50 años, la identidad, los datos personales que en él aparecen y la nacionalidad española de su titular.

Desde el Ministerio del Interior se explica que ‘con la llegada de la Sociedad de la Información y la generalización del uso de Internet se hace necesario adecuar los mecanismos de acreditación de la personalidad a la nueva realidad y disponer de un instrumento eficaz que traslade al mundo digital las mismas certezas con las que operamos cada día en el mundo físico: Acreditar electrónicamente y sin dar lugar a dudas la identidad de la persona y firmar digitalmente documentos electrónicos, otorgándoles una validez jurídica equivalente a la que les proporciona la firma manuscrita”
Para responder a estas nuevas necesidades nace el Documento Nacional de Identidad electrónico, similar al tradicional y cuya principal novedad es que incorpora un pequeño circuito integrado (chip), capaz de guardar de forma segura información y de procesarla internamente.

El DNI electrónico nos permitirá, además de su uso tradicional, acceder a los nuevos servicios de la Sociedad de la Información, que ampliarán nuestras capacidades de actuar a distancia con las Administraciones Públicas, con las empresas y con otros ciudadanos.

En la medida que el DNI electrónico vaya sustituyendo al DNI tradicional y se implanten las nuevas aplicaciones, podremos utilizarlo para:

  • Realizar compras firmadas a través de Internet
  • Hacer trámites completos con las Administraciones Públicas a cualquier hora y sin tener que desplazarse ni hacer colas
  • Realizar transacciones seguras con entidades bancarias
  • Acceder al edificio donde trabajamos
  • Utilizar de forma segura nuestro ordenador personal
  • Participar en un conversación por Internet con la certeza de que nuestro interlocutor es quien dice ser
  • Enviar correos electrónicos que sólo el emisor y el receptor podrán leer

 

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